Su cabeza es un laberinto indescifrable, potencial asignatura de las facultades de psicología, rubio incomprendido, talento incalculable, madridista perenne, la zurda que pudo gobernar una era y nunca quiso; ha tenido barra libre para ser el mejor pero siempre ha preferido pagarse la copa. Sólo él se entiende a sí mismo si es que alguna vez ha sabido como se descifra su cabeza. Sólo a él se le ocurre taconear delante de un portero, sólo a él se le ocurre aparecer y desaparecer como el Guadiana. Incomprendido. Cuando a él le da la gana. Con 33 años no hay condensador de fluzo para retroceder en el tiempo ni Sigmund Freud que le cambie. Guti siempre ha vivido en el alambre. El fútbol para él es una especie de castigo en el que no existe el esfuerzo ni la regularidad, sólo el arte de hacer lo que no hacen otros. Cuando se le espera no está, cuando no se le espera aparece. Todos sabemos que ésto va a durar poco, pero hay que disfrutarlo mientras se pueda. Mágico González, Curro Romero y Guti. Cuanto la falta de ganas mata al talento.
El Madrid tenía un centro del campo que desconocía. De una alineación improvisada salió un once perfecto. Más de seis meses para darse cuenta de que la solución estaba en casa. Xabi, Granero, Guti y Kaká. Con Cristiano arriba este proyecto no tendría que fallar. Mensaje al optimismo. Pero los 5 puntos con el Barça son una autopista llena de accidentes arbitrales. Doble labor para el Madrid, el adversario y el dichoso Villarato. Gol ilegal (por fuera de juego y por falta mal sacada), patadón de Messi sin castigo ejemplar, posible penalti de Márquez en el mismo campo en el que a Raúl le anularon un gol legal. Sin novedad. En una liga tan ajustada estas decisiones condicionan un campeonato. La liga de hace tres años con Capello es un ejemplo.
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