
Lo que Laporta nunca entiende ni entenderá, salvo ataque de arrebato, es que las minorías, minorías son, y como cualquier cerebro amueblado sabe, una minoría no puede imponerse a la mayoría. Aunque en su mastuerza cabeza no entren estos argumentos ni a golpe de enciclopedia, los que tenemos que escuchar sus inagotables majaderías pecamos de agotamiento. Sus soflamas separatistas, si es que se las cree alguien, entran con pasos de tortuga en la mente del populacho, por su redundancia en la estupidez, por su populismo del todo a cien y por cansinas. Y Valdano que no es Laporta, entiende lo que no entiende una mente depravada, que Cataluña no es el Barça pero sí es España.
Lo que no entiende quién esto escribe es porqué Laporta no lleva hasta el final del túnel su proyecto soberanista: que el Barcelona tenga su liga propia. La Lliga. Con el Granollers, el Figueres y el Mollerusa como rivales a batir. Un castell en cada inicio de los partidos con Ibra como base, una barretina para cada aficionado, degustación de pan tumaca en el descanso y cava en tetra brik, por aquello de no poder meter botellas de cristal en el campo (aunque en este estadio saben muy bien como esconderlas). Eso sí, ni Gol TV, ni Canal Plus Liga, ni PPV. Las televisiones del enemigo opresor que se queden en casa. Sólo TV3. Me uno al grito: una nació, una selecció y una...¡Lliga! Al igual que el Barça no es Cataluña, Laporta no es el Barça, pero nadie en el seno del club le ha criticado por su campaña de transformar un club universal en una brigada de aldeanos con "Els Segadors" como melodía del móvil. Aunque en esta afirmación tropiece un poco, nunca entenderé bien como pueden existir culés fuera de Cataluña cuando son marginados por su presidente. Laporta traduce bien el mensaje nacionalista tradicional, esto es, ser independiente y seguir mamando de Papá Estado, que como díría Bear Grylls da muchas proteínas para sobrevivir.
Y ahora que no salga ningún iluminado poniendo el ejemplo del Mónaco. Sólo para los que creen en la Tierra Media y en los Elfos el Barça sería aceptado en cualquier liga importante del mundo. Seguro que Francia, el país más centralista de Europa, estaría encantado de que a su campeonato llegara el "mas que un club" y que el Olympique de Lyon viera amenazado su mandato, sin olvidar los controles anti-dopaje. Ibamos a saber el tamaño de la primera a la última hormona de Messi. En Inglaterra los desmayos de Iniesta en el área y los ataques de epilepsia teatril de Alves son preseguidos con látigo y en Italia vaya usted a saber si por aquello de los juicios pendientes Guardiola iba a acabar reogiendo la pastillita de jabón, no queremos eso tampoco. Por suerte nos queda poco de Laporta y su circo de majaderías secesionistas. Podremos descansar al fin y volverle a recordar, aunque no quiera, que Superman no existe y la nación catalana tampoco.